TRIBUNA DEL DERECHO

La Tribuna del Derecho

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No estaba en las quinielas. Mariano Fernández Bermejo había logrado el mérito de ser uno de los ministros más crispados e intransigentes, precisamente, en el ministerio que menos da pie a dicho talante: la Justicia. La moderación de los anteriores titulares quedaron en el olvido con el lenguaje bronco y la continua descalificación al contrario de la que ha hecho gala el Ministro “rojo” (calificativo éste último con el que se siente bien a gusto).

Su nombre bailaba de la lista de Zapatero sobretodo tras el último período que había protagonizado. En su haber queda la mayor huelga realizada en la Administración de Justicia, que ha supuesto un grave perjuicio para miles de ciudadanos, donde consiguió que hasta los sindicatos de izquierdas solicitaran su marcha del ejecutivo por el nulo talante del personaje y la intransigencia de la que hizo gala durante todo el conflicto laboral. De hecho, no se dignó a sentarse con los huelguistas hasta que la vicepresidenta del Gobierno, Fernández de la Vega, le ordenó poner fin de inmediato al problema. Sólo entonces, y a dos días de la investidura de Zapatero, el ministro vio peligrar su puesto y se puso manos a la obra.

Atrás quedan sus discursos bochornosos en la campaña electoral, que hacían sonrojarse hasta el más puro de los izquierdistas. Con un tono indescriptible, Bermejo arremetía contra la “ultraderecha” y hablaba de las dos españas, como si en el año 36 nos encontráramos. Un discurso desfasado, insultante y tremendamente radical que nada tenía que ver con la mirada positiva de Zapatero. Para concluir, la mujer del ministro le acompañaba en un animado baile en plena tarima valenciana cuando, en teoría, llevaba dos meses de baja sin poder salir de casa.

Pero todo esto pasó y su nombre ha vuelto a aparecer con más fuerza que nunca. Zapatero confía en él, ni más ni menos, que la ardua tarea de modernizar y reformar la Administración de Justicia que, en los últimos tiempos, está protagonizando una serie de escándalos que denotan el poco caso que los gobiernos han puesto sobre dicha materia, a pesar de tratarse de un servicio básico para los ciudadanos.

Por delante tiene, por tanto, una difícil tarea para la que tendrá que reprimir sus impulsos de extrema izquierda para sentarse con los que denomina “ultraderecha”, esto es, los representantes de diez millones y medio de españoles que algo tendrán que decir en tan fundamental reforma. Confiemos en que esta nueva etapa, con cuatro años por delante, le den al ministro algo de tranquilidad y no quiera seguir ganándose titulares a costa de la descalificación y el insulto, sino de los proyectos e iniciativas que plantee.

Redacción

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