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María Eugenia supo la verdad de su origen en el año 2000, cuando el análisis genético al que se sometió confirmó que en realidad era la hija de Leonardo Sampallo y Mirta Barragán, secuestrados cuando ella estaba embarazada de seis meses.

Todo empezó un día de 1986 cuando el matrimonio formado por Osvaldo Rivas y Cristina Gómez Pinto envió a su hija de ocho años a una psicóloga para darle una noticia: en realidad era una niña adoptada y sus verdaderos padres habían muerto en un accidente. La chiquilla comenzó a preguntar insistentemente por detalles sobre sus padres biológicos y un año después Rivas y Gómez Pinto accedieron a revelar que su madre había sido una empleada doméstica.

La curiosidad infantil no se detuvo y la versión cambió ligeramente para convertir a la niña en hija de una azafata europea. Finalmente y varios años después explicaron, ya no a una niña sino a una adolescente, que había sido abandonada en la puerta del hospital Militar de Buenos Aires y recogida por un amigo de la familia, el capitán Enrique Berthier, quien se la había entregado.

El matrimonio no soportó la tensión y se separó apenas dos años después de tratar de engañar a la niña. Y un día, cuando ésta volvió a casa, la madre, Cristina Gómez, con quien se había quedado, le anunció que «unas viejas» la querían separar de ella. Se trataba de las Abuelas de Plaza de Mayo, quienes buscaban a los niños nacidos en los centros de tortura de la dictadura militar cuyas madres habían sido asesinadas. María Eugenia se fue de casa a los 19 años sin llevarse ningún recuerdo de sus padres adoptivos hasta que terminó sabiendo la verdad de su origen. «Me decía que yo no era agradecida con ellos por lo que habían hecho por mí y que si no fuera por ellos yo estaría tirada en una zanja», declaró Sampallo ante el tribunal.

Sampallo volvió a someterse entonces a un análisis en el año 2000. La Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), que realiza campañas todavía hoy, tiene por objeto esclarecer el pasado de la gente y para ello anima a todos aquellos que tengan un familiar desaparecicdo a donar una muestra de su ADN para tratar de recomponer así los rompecabezas.

La prueba a la que se sometió fue todo un éxito y por primera vez María Eugenia supo la verdad sobre sus padres y su origen, dictaminando que era la hija de Leonardo Sampallo y Mirta Barragán. Sus padres fueron secuestrados cuando su madre estaba embarazada de seis meses, y finalmente asesinados por la dictadura.

Ahora, María Eugenia ha logrado su objetivo y con él la condena de sus padres, que permanecerán 10 años en prisión. Aún así, distan mucho de los 25 años de cárcel que la chica quería para sus padres adoptivos.

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