El testimonio del chófer del fallecido empresario José María Ruiz-Mateos en el juicio por la presunta estafa de Nueva Rumasa revela la existencia de una dinámica familiar y empresarial preocupante. Según el testigo, la familia funcionaba como una secta en la que el patriarca era el único que organizaba y diseñaba todas las estrategias financieras y sociales. Esta declaración pone en evidencia la falta de transparencia y la concentración de poder que existía en la familia Ruiz-Mateos.

El chófer afirma que el empresario «mandaba para absolutamente todo», incluso en asuntos en los que no tenía conocimiento, como el fichaje de jugadores en el Rayo Vallecano. Esta revelación pone en duda la capacidad y el conocimiento real que tenía José María Ruiz-Mateos para tomar decisiones en diferentes ámbitos, como el deportivo. Además, deja entrever que las decisiones se tomaban de manera unilateral, sin la participación de otros miembros de la familia o profesionales especializados en cada área.

Es preocupante que se describa a la familia Ruiz-Mateos como una secta, ya que implica una dinámica de sumisión y obediencia por parte de los hijos y colaboradores del patriarca. Esto plantea dudas sobre la capacidad de los acusados para tomar decisiones de manera independiente y responsabilizarse por sus acciones. Si realmente eran sumisos y obedientes, es difícil creer que no fueran conscientes de las prácticas ilegales que se estaban llevando a cabo en Nueva Rumasa.

El testimonio del chófer también coincide con la versión de los seis hijos de Ruiz-Mateos, quienes señalaron a su padre como el «dueño absoluto» de Nueva Rumasa y lo responsabilizaron de todas las decisiones tomadas. Esta coherencia en las declaraciones refuerza la imagen de un líder autoritario que controlaba todas las áreas de la empresa y limitaba la autonomía de sus hijos.

La Fiscalía Anticorrupción sostiene que cada uno de los acusados ejercía un poder de decisión propio, pero bajo la dirección última de José María Ruiz-Mateos. Sin embargo, el testimonio del chófer pone en duda esta afirmación, ya que parece que el patriarca era el único que realmente tomaba las decisiones importantes. Esto plantea interrogantes sobre la responsabilidad individual de los acusados y su verdadero nivel de participación en las prácticas fraudulentas.

En conclusión, el testimonio del chófer en el juicio por la presunta estafa de Nueva Rumasa revela una dinámica familiar y empresarial preocupante, en la que el patriarca era el único que tomaba decisiones y los demás miembros de la familia eran sumisos y obedientes. Esto plantea dudas sobre la responsabilidad individual de los acusados y la transparencia en las operaciones de Nueva Rumasa. Es necesario que se esclarezcan los hechos y se determinen las responsabilidades correspondientes para garantizar la justicia en este caso.