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Valoración de Activos: confusión entre valor y precio
Por Adolfo Hernández, asociado sênior de ECIJA

Uno de los principales retos a los que se enfrenta cualquier profesional de la gestión de riesgos, es la valoración y cuantificación económica de los activos dentro del alcance del análisis, independientemente de cuál sea su naturaleza. No se restringe únicamente a activos físicos o patrimoniales, también a activos intangibles como la marca, imagen corporativa, posicionamiento de mercado, etc.

En este sentido, el objetivo en esta fase del análisis es definir la importancia relativa de cada activo a través de su valor, que siempre será determinado por su propietario o responsable (la Dirección, responsables de negocio…). Pero es en este punto en el que se suele caer en el error de asociar dos conceptos dispares: valor y precio económico. Es necesario hacer hincapié en este aspecto para ayudarnos a no sobrestimar el valor de un activo por encima (o por debajo) de su valor de referencia.

Como reza el dicho de Quevedo: “sólo el necio confunde valor con precio”. El cálculo del valor de los activos es un reto conocido y antiguo, abordado ya por los economistas hace tiempo a través de la “teoría del valor”. Esta teoría postulada por los economistas neoclásicos a finales del siglo XIX se centró en el problema de la determinación del valor económico, desarrollando la mencionada teoría del valor que se acepta hoy casi de forma unánime, a excepción de los marxistas. Según esta teoría el valor de un activo es equivalente al precio del mismo y es definido en los intercambios del mercado según la utilidad marginal que representa para los demandantes y la maximización de beneficios que produce para quienes la ofrecen.

Es decir, dicha teoría, que es la que prima en nuestra sociedad, se aleja de encontrar una medida objetiva del valor de las cosas, asimilando valor y precio. Por esto también es conocida como “teoría subjetiva del valor”. Lo de subjetiva se ha dejado de mencionar y ahora asimilamos valor y precio sin más. No hay que olvidar nunca que el precio es un valor subjetivo y es ese grado de subjetivad el que hay que tratar de minimizar en los análisis, de cara a formalizarlos, hacerlos repetibles y que aporten valor real al negocio.

Este concepto se materializa en la paradoja del valor (o “paradoja del diamante y el agua”) sobre el valor económico, que expresa que, aunque el agua es más útil que los diamantes, éstos tienen un precio más alto en el mercado. Adam Smith menciona la paradoja en “La Riqueza de las Naciones”, aunque otros autores como Nicolás Copérnico, John Locke y John Law habían intentado explicar con anterioridad la disparidad en el valor entre el agua y los diamantes. En palabras del propio Adam Smith. “Nada es más útil que el agua; pero ésta no comprará nada; nada de valor puede ser intercambiado por ella. Un diamante, por el contrario, tiene escaso valor de uso; pero una gran cantidad de otros bienes pueden ser frecuentemente intercambiados por este”.

Por lo tanto, el valor de los activos es algo más que el precio económico. Conceptos como utilidad para el negocio, capacidad productiva o ventaja competitiva, deben ser considerados y ponderados a la hora de establecer el valor de los mismos.

La teoría de la utilidad marginal, en un esfuerzo por resolver la paradoja del agua y los diamantes, defiende que no es la demanda de un bien lo que determina su precio, sino su utilidad marginal. Esta teoría sugiere que el valor de un activo no tiene que ver con las propiedades inherentes al mismo, sino con las actitudes de las personas hacia dicho activo.

La teoría de la utilidad marginal dice que el valor de un bien no es determinado por cuánto trabajo se empleó en su producción (como en la teoría del valor-trabajo), ni en su utilidad total. Más bien, su precio es determinado por su utilidad marginal. Ésta es el uso menos importante del bien para la persona. Esta aproximación, aun revistiendo cierta subjetividad, se encuentra menos sesgada que el resto.

Dicho lo cual, a continuación se muestran algunos criterios que pueden ser empleados en la valoración de activos en un entorno corporativo o en administraciones públicas. Los criterios que se utilicen deberán estar claros (aprobados) al inicio del análisis, convenientemente documentados y adaptados a la realidad del ámbito del estudio. Además se deberán emplear de forma conjunta (no unitaria) buscando minimizar el impacto de la subjetividad en su valoración:

a) Coste original;

b) Coste de reposición;

c) Coste de reconstrucción;

d) Merma de beneficios (lucro cesante);

e) Incremento de gastos;

f) Penalizaciones, multas;

g) Sanciones por incumplimientos legales;

h) Impacto en el rendimiento del negocio

i) Efecto negativo sobre la imagen

j) Daños personales

k) Pérdidas financieras

l) Daños ambientales

m) Capacidad para perseguir delitos

n) Incremento o decremento/variaciones del valor marginal

26 de enero de 2010

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