25.9.08

Un nuevo héroe

Un nuevo nombre se añade a la tristemente larga lista de víctimas de ETA. Los asesinos siguen en su empeño de sembrar las calles de terror y ahogar en sangre los sueños de un pueblo que está harto de su presencia. La negociación con los criminales fue un error político y humano, que no sólo no nos benefició en nada sino que nos hizo perder la ventaja que habíamos logrado alcanzar con tantos años de persecución policial.
Sin embargo, no es ya el momento de los reproches sino de mirar hacia el futuro con esperanza y energías renovadas. Con el compromiso del Gobierno de que no volverá a negociar con los criminales y su empeño en dedicar todos los esfuerzos a su alcance para acabar con la escoria etarra, a los demócratas no nos queda otra opción más que esperar resultados policiales y llorar a nuestros muertos.
Luis Conde es el último héroe que dio su vida por la democracia y la libertad en España. Que Dios le tenga en su gloria y de consuelo a sus familiares.

Nombramiento de Dívar

Cuando los detractores tienen que echar mano de la religiosidad de una persona para tratar de poner en entredicho su carrera profesional, en el fondo no hacen sino lustrar todavía más el currículum de dicha persona. Eso ha ocurrido con el nuevo presidente del CGPJ, a quien se ha intentado pintar como un extremista de derechas por el simple hecho de ir a misa los domingos. Así se cotiza la libertad de culto en este país.
Pero, críticas aparte, Dívar es un excelente profesional que ha dado muestras de su valía y competencia presidiendo en toda su trayectoria, desde el modesto juzgado extremeño donde empezó a la Audiencia Nacional que terminó presidiendo. Algunos magistrados del Supremo se muestran recelosos a que su nuevo presidente no sea uno de ellos. No tengan tanto recelo, señorías, y empleen ese tiempo que desperdician con las críticas palaciegas a trabajar y sacar sentencias, que es su verdadera actividad y por la que se les remunera a fin de mes.
Zapatero ha mostrado de valentía y acierto con el nombramiento de Dívar; sabía que iba a tener que enfrentarse a ese sector de la izquierda radical que existe, aunque afortunadamente no sea muy numeroso, en el poder judicial; y dio muestra también de moderación política al nombrar a una persona que, a priori, no parece compartir ideología con el presidente.
Las críticas que se dirigen hacia De la Rosa son algo distinto. Excesivas, sí, pero con cierta base de realidad. Que se eche mano del Consejero de Justicia de un gobierno autonómico no parece que, a priori, sea todo un símbolo a la independencia del poder judicial. Admitimos, a regañadientes y muy a nuestro pesar, que los jueces se agrupen en asociaciones cuya militancia les signifique y defina ideológicamente; pero ya si encima tenemos que buscar al vicepresidente del CGPJ en un gobierno autonómico, sea del signo político que sea, la cosa empeora sensiblemente.
También es cierto que De la Rosa no se significó nunca por emprender una acción de gobierno excesivamente beligerante y pasó más bien inadvertido en la contienda política, así que deberían atemperarse las críticas y darle cierto margen de confianza.
Desde La Tribuna del Derecho queremos dar la enhorabuena a los recién nombrados y desearles, por el bien de todos, los mayores éxitos en su dirección de los jueces. Tienen por delante el reto de elevar la confianza de los ciudadanos hacia nuestros juzgadores, seriamente mermada tras los últimos escándalos. Suerte, de todas formas.

12.9.08

Una distracción peligrosa

Lo teníamos claro desde que comenzó la legislatura. La crisis económica ha desbordado al gobierno de Zapatero y el presidente se encuentra incapaz de resolverla. Se ha dado cuenta de que ya no valen las sonrisas, los ojos azules ni los actores de cine a su lado, ahora toca gobernar y tomar medidas, y en ese papel no se siente cómodo nuestro presidente. Se suponía que en un par de tardes iba a aprender todo lo necesario para convertirse en el regidor de nuestros destinos económicos, pero una cosa es gobernar con las arcas llenas, gestionar la herencia del anterior ejecutivo, y otra muy distinta solucionar una crisis con tintes dramáticos. Si los trabajadores de la Ford tienen que confiar sus puestos de trabajo en nuestro presidente que Dios les pille confesados. 

Pero, no obstante, Zapatero tiene un plan. Como siempre, confía en sus fuegos de artificio y en sus propuestas-titular para que la gente olvide la gravedad de la situación y se quede en las anécdotas. Pero lo cierto es que, en este caso, lo va a tener más difícil de lo habitual, pues la charlatanería y las huecas palabras tienen menor calado cuando el oyente es un parado, un padre de familia numerosa que no llega a fin de mes, un mileurista o cualquier otro ciudadano que no puede escapar de la crisis.Y como es consciente de que va a tener que emplear toda su imaginación para distraer la atención de los ciudadanos, vuelve a la carga con los temas que crispan a la gente. Si logra distraer la atención, con cualquier tema, eso es lo de menos, su desgaste político como consecuencia de la crisis será menor.

El aborto parece convertirse en el tema estrella de la temporada y el Gobierno ha encargado la ley más reaccionaria y radical posible; poco importan las consecuencias, poco importa que estemos hablando de vidas humanas que vamos a asesinar legalmente, nada de eso tiene relevancia sin con eso ganamos unos puntos en los sondeos electorales. La falta de principios abruma, asusta y nadie puede quedar indiferente ante un desafío como éste. Aunque con ello el gobierno gane la batalla de la distracción y consiga que los medios dediquemos espacio a este tema en detrimento de la crisis económica, no hay nada más grave ni debate más justificado que el que tiene por objeto defender la vida de seres inocentes.

Plantean permitir el aborto con fetos de veintiuna semanas. Una verdadera salvajada, aunque también lo es con veinte, diecinueve y con tres días de vida. Desde estas páginas dedicaremos de ahora en adelante una sección a mostrar la opinión de juristas de reconocido prestigio en contra del aborto; como el gobierno ha encargado un informe a varios expertos (en su mayoría, afines al aborto) y prefiere obviar los argumentos en contra, desde aquí los daremos con un enfoque jurídico. Lo mismo haríamos si el ejecutivo intentara imponer la pena de muerte o tratara de permitir la eutanasia: en la defensa de la vida no cabe contradicción ni excusas, y exige el compromiso de todos.

Una distracción peligrosa la que plantea el Gobierno, que se llevará por delante la vida de miles de seres humanos