10.11.08

400 millones de euros

Ésta es la cantidad que el Gobierno de España va a destinar al régimen castrista de Cuba. Sí, castrista hasta que no se demuestre lo contrario, y de momento, está muy lejos de convertirse en otra cosa. Las palabras del canciller cubano, Roberto Pérez, fueron contundentes: “No debe haber ilusiones de que nos proponemos desertar de nuestro camino. Si se entiende la reforma como el proceso por el cual Cuba renuncia al socialismo, la respuesta es no”.
La retirada de Fidel Castro y el acceso al poder de su hermano Raúl trajeron esperanzas, entre los cubanos y el mundo entero acerca de la posibilidad de que Cuba fuera despojándose poco a poco de la tiranía que le ha tenido preso durante medio siglo y poder abrazar de una vez por todas la democracia. “No debe haber ilusiones”, dice el acólito del tirano, consciente de que la libertad evoca en sus compatriotas precisamente ese sentimiento, ilusión. Ilusionados ante una nueva vida donde poder hablar y opinar libremente, ilusionados con la posibilidad de decidir quién debe gobernarles, ilusionados ante la salida de la cárcel de los presos que ocupan celda por pensar, ilusionados por la llegada del progreso y bienestar a su pueblo, ilusionados con dejar de ganar cinco dólares al mes… pero toda esa ilusión se desvanece por la garra déspota, mezquina y miserable de un par de hermanos, empeñados en que la decrepitud que acompaña sus cuerpos ancianos se extienda también a todo su pueblo. Su revolución, sus crímenes, su dictadura, han fracasado pero se niegan a admitir la derrota y siguen aferrados al poder.
La retirada de Fidel fue una ilusión, nada más que eso. Precisamente por eso el gobierno norteamericano acertó al no retirar el embargo comercial que pesa sobre la isla, consciente de que cada dólar que entre en Cuba será aprovechada por los dos hermanos para seguir sometiendo a su pueblo. Hasta el candidato demócrata a las elecciones presidenciales, Barack Obama, ha negado la posibilidad de retirar el bloque en tanto la democracia no se imponga definitivamente al trasnochado sistema comunista.
Pero en España no nos hemos enterado de todo esto y Moratinos sigue haciendo gala de lo bien que se lleva y entiende al régimen castrista. Incluso le ha regalado un cheque de 400 millones de euros para administrarlo en la reconstrucción de los destrozos provocados por los últimos huracanes. Claro está que, como en todo país corrupto que se precie, el dinero se sabe dónde entra pero no dónde sale, y bien podemos estar sufragando armamento militar o propaganda castrista mientras ponemos la sonrisa de niño perdido que muestra nuestro Moratinos.