3.4.08

Negligencia judicial

No corren buenos tiempos para la Administración de Justicia. El caso Mari Luz no ha hecho sino poner en la palestra las deficiencias y carencias a las que se enfrentan los justiciables con la actual gestión. Por si fuera poco, ahora conocemos que la desidia de un Juzgado, su fiscalía y la Policía Judicial han obligado al Supremo a anular la condena de un terrorista que había matado a un agente de la Policía.

Seguramente, en los próximos días asistiremos a nuevos casos de negligencia y mal hacer profesional de los jueces, que ahora están, para bien o para mal, en la picota.

Bien es cierto que ningún gobierno se ha tomado nunca en serio la Administración de Justicia y ha emprendido una reforma en profundidad que le permita acceder a los estándares de calidad que el ciudadano exige. El último intento fue la famosa Oficina Judicial, presentada a bombo y platillo por el anterior titular de Justicia y que finalmente ha quedado en agua de borrajas: cuando los proyectos faraónicos se presentan sin un aporte presupuestario detrás que permita su desarrollo, nos encontramos con fiascos como éste.

El Juez del caso Mari Luz no actuó con la diligencia debida. No hay que ser un genio ni un miembro del CGPJ para darse cuenta de ello. Desconocemos la carga de trabajo del titular del Juzgado y la falta de medios que realmente tenga, y no sólo lo desconocemos sino que poco nos importa cuando hay una vida humana de cinco años en juego. Una cosa es equivocarse, propio de nuestra raza y en su caso excusable, y otra muy distinta dejar pasar tres años con un violador de niños en la calle, sin molestarse siquiera en conocer del asunto.

Los médicos también están sometidos a enormes cargas de trabajo. No hay más que asomarse a una puerta de urgencias de cualquier hospital para darse cuenta. Sin embargo, si por algún casual se equivocan con resultado mortal en uno de esos muchos pacientes que aguardan agotadoras colas, seguramente tendrá sobre los hombros una querella criminal y, en su caso, el fin de su carrera profesional. Podría objetar las mismas excusas que estamos oyendo pero nadie le haría caso.

El mismo trato, por tanto, exigimos que se de a los profesionales de la Justicia, a aquellas personas a las que pagamos para que nos juzguen con diligencia y buen hacer.

No es momento para corporativismos sino para dar respuesta a una ciudadanía que asiste, atónita, a un lamentable espectáculo. Mari Luz debía estar jugando en su casa, y seguramente así estaría si el violador de niños hubiera estado donde le corresponde, en la cárcel.

27.3.08

La huelga de Bermejo

La intransigencia y chulería del Ministro “rojo” (término con el que le gusta autodenominarse a Fernández Bermejo) está siendo padecida ahora por los funcionarios de Justicia.
Como ya manifestamos desde las líneas de este periódico, a nadie le gusta las huelgas y mucho menos a los ciudadanos, que tienen que sufrir los efectos sin tener culpa ninguna de la situación ni la menor posibilidad de solucionar el problema. Sin embargo, no estamos ante una huelga disparatada ni que pretenda objetivos injustos o exagerados por parte de los sindicatos. En modo alguno. Por cualquiera es comprensible que un trabajador de la administración quiera ganar lo mismo que un trabajador con el mismo desempeño en otra comunidad autónoma, y hoy por hoy en España no se cumple. En las Comunidades donde se han transferido las competencias de Justicia los funcionarios reciben un salario mensual de 1.400 euros, frente a los 1.100 euros que reciben los trabajadores en comunidades dependientes del Ministerio de Justicia. Una diferencia, a todas luces, injusta, teniendo en cuenta que todo el personal está regido y sometido a la Ley Orgánica del Poder Judicial, trabaje donde trabaje, y por tanto, a los mismos parámetros y criterios en todos los aspectos (también el salarial).
Bermejo se lanza, como un jabalí herido, al ataque de los huelguistas incómodos, acusándoles de absentismo y de no querer asumir las nuevas tecnologías, con Lexnet a la cabeza. Verdaderamente sorprendente, sobretodo porque, de ser ciertas estas acusaciones, él ha sido Ministro de Justicia y, por tanto, responsable de dichas situaciones a las que debía haber hecho frente. Caso de existir realmente estos problemas, tenían fácil solución por su parte: al absentismo, con sanciones a los funcionarios que no acudan injustificadamente al puesto de trabajo; y a la falta de capacitación para las nuevas tecnologías, con cursos de reciclaje y formación para los funcionarios, tal y como llevan reclamando desde que se puso en marcha hace cinco años la Oficina Judicial, de la que nadie nunca más volvió a oír hablar.
Pero Fernández Bermejo se ha revelado como un hombre incapaz para hacer frente a esta crisis. Su carácter autoritario y radical hace imposible un entendimiento con los sindicatos y trabajadores, que tratan de buscar un acuerdo negociado y volver al trabajo lo antes posible.
El problema no es de los trabajadores; están ejerciendo un derecho constitucional como es la huelga para reivindicar unas pretensiones que, por otro lado, son absolutamente razonables y justas. El problema es de un ministro que no tiene intención de juntarse con dichos trabajadores, que está tan terriblemente encumbrado en sus propios altares que se ve incapaz de sentarse con el pueblo llano a escuchar sus pretensiones. El problema de la huelga, en efecto, es culpa del Ministro.
Y no es justo que se achaque a la falta presupuestaria (y menos cuando el mismo día el Ministerio de Economía hace alarde de superávit), pues cualquiera que se detenga un minuto a observar la gigantesca maquinaria administrativa y gubernamental, y caiga en la cuenta de la inmensa cantidad de dinero que se despilfarra aquí y allá en partidas absolutamente superfluas e innecesarias, se dará cuenta de que con voluntad se puede habilitar una partida para mejorar en doscientos euros el salario de unos trabajadores fundamentales para la Administración de Justicia.

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26.9.07

Arranca el Blog

En estas primeras palabras de mi blog quisiera darles doblemente la bienvenida. Primero, por acceder a La Tribuna del Derecho en su versión digital. Han sido varios meses de trabajo para poder acercarles un periódico digital de contenido jurídico que tiene la intención de acercarles la información jurídica, desde otro punto de vista. Un espacio para el rigor y la objetividad, ejes de nuestro quehacer diario en los tres años que llevamos editando el periódico.
Y en segundo lugar, quisiera también darles la bienvenida a este blog que ahora estreno, y donde pretendo analizar las noticias que la actualidad nos arroje.
Gracias, antetodo, por la confianza puesta en nuestro medio y por la atención que nos reporta con su lectura.